Tendemos a identificar a un líder con una persona extrovertida y dinámica, pero no siempre es así. Algunos rasgos que definen la introversión como la escucha, la preparación y la serenidad son excelentes ingredientes de los mejores liderazgos como lo demuestran famosos líderes introvertidos como Bill Gates, Mark Zuckerberg, Janet Yellen y Warren Buffett.

En Colombia he tenido a los dos jefes más brillantes de toda mi carrera y, en retrospectiva, me doy cuenta de que cada uno fue un gran ejemplo de líder introvertido y de líder extrovertido.

El primero, el introvertido, lo conocí trabajando en un centro comercial. Era una persona reservada, tranquila, respetuosa y muy planificada. Se esforzaba por llevar todos los proyectos a un buen fin y daba instrucciones muy claras para asegurarse de que todos sabíamos qué debíamos hacer y para qué. Su lema, que hoy en día lo asumo como propio, era “yo no soy responsable de los errores de los demás, pero sí de los míos”. Este poderoso razonamiento nos invita a dejar de buscar responsables externos de los errores porque, siempre, podríamos haber hecho algo más para evitar reprocesos y equivocaciones posteriores. En otras palabras, cuanto mejor hagamos nuestro trabajo, más fácil y certero será el de los demás.

El segundo jefe que más admiro, el extrovertido, lo conocí en el boom del e-commerce en Colombia. Más joven que el anterior, era enérgico, inquieto, rápido, con opiniones fuertes y capaz de convertir en oro todo lo que tocaba. Era un emprendedor nato, una máquina para producir ideas geniales aunque no todas realizables. Sus instrucciones no eran tan claras por lo que, de alguna manera, necesitabas “traducir” sus pensamientos para poder seguirle el paso y ejecutar.

Ambos eran efectivos. Ambos eran inspiradores. Mientras el estilo del primero se podría resumir en “planifica primero”, el del segundo sería “muévete cuanto antes”.
Contrario a los que tradicionalmente pensamos en el liderazgo como un rasgo privativo de las personas más extrovertidas y con “don de gentes”, según Jennifer B. Kahnweiler, asesora de grandes empresas y experta en liderazgo, los líderes introvertidos pueden llegar a ser grandes motores de sus equipos de trabajo. Para la experta, las mismas barreras que bloquean a las personas introvertidas pueden ser, bien canalizadas, unas potentes herramientas de liderazgo. Es lo que ella llama las 4Ps, grilletes de la introversión que pueden ser convertidas en fuerzas activas de liderazgo:

 

El introvertido no deja nada al azar. Busca su seguridad en la información y los datos documentados. Escribir preguntas antes de una reunión o investigar a un cliente antes de una presentación de ventas con actividades dentro de su rutina. Si está preparado, tendrá más confianza.

Estar presente en cuerpo y mente, prestar atención a las personas y a lo que dicen. No está pensando en el pasado o en el futuro; está comprometido con el momento y puede obtener más de cada situación. Son aquellos que levantan la vista del computador cuando alguien se acerca a hablar algo que, a veces, se les olvida a los extrovertidos (mi jefe extrovertido no lo hacía).

Una persona introvertida necesita retar continuamente sus límites y exigirse para salir de su zona de confort. Da lo mismo si se trata de pedir un aumento de sueldo, asistir a un evento profesional al que preferirían no ir o entablar conversación con un conocido lejano. En ese ejercicio continuo de llevar más allá sus límites, la persona introvertida se va fortaleciendo, día a día, como líder.

Dicen que la práctica hace al maestro y no son palabras vacías. No hay que confundir espontaneidad con falta de preparación. Si eres una persona introvertida, puedes aprovechar cada oportunidad para usar tus habilidades y talentos para reforzar nuevos comportamientos. Los grandes talentos de todas las facetas de la vida, músicos, cantantes, acróbatas, deportistas… practican continuamente.

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