Desde que empecé a trabajar en relaciones públicas, y de eso hace ya unos 18 años, a menudo he oído el mismo comentario: “voy a llamar a Fulanito y a Menganita, a ver si me hacen el favor”.

Confieso que esa palabra me ofende en lo profesional. No sabía yo que necesitaba 5 años de carrera, una especialización y 27 años de experiencia laboral para aprender a pedir favores a los periodistas. Pensaba, muy al contrario, quizá ingenuamente, que nuestro trabajo consiste en facilitar el trabajo de los medios, ser sus oídos y sus ojos donde ellos no llegan y entregar información noticiosa bien construida, argumentada, oportuna y veraz solo a los medios y periodistas pertinentes.

Las relaciones públicas no pueden vivir de favores. Ni de inundar el mail de los periodistas con temas que no son de su interés. Si hay algo de lo que se quejan los periodistas es de recibir noticias flojas, mal escritas y, para más inri, que no tienen nada que ver con la fuente que ellos cubren. Esa es la famosa práctica del por si acaso. Los periodistas no hacen favores y, en caso extremo, hacen un favor, pero no dos. Ni se ponen a escribir de una fuente diferente a la suya solo porque les llegó esa información.

Las relaciones públicas no se sostienen de favores ni de suerte sino gracias a un trabajo de investigación bien hecho, la capacidad de construir noticias poderosas y redactarlas de forma apropiada y proponer voceros preparados y bien informados. Viven del conocimiento de los medios de comunicación y de su línea editorial, de tener una relación colaborativa y equitativa con los periodistas y de identificar correctamente qué temas son de su incumbencia.

Yo no creo en los favores ni en los equipos que hacen su trabajo pensando en quién le va a hacer el favor de publicar o incluyendo en su listado un montón de periodistas a sabiendas de que cubren temas completamente distintos del que se les va a proponer. El trabajo de relaciones públicas consiste en dar a la noticia el mejor enfoque en función de la información, del vocero disponible y del medio al que se dirigen. Todo lo que se aparte de esta forma de trabajar y se acerque al favor y al por si acaso, no puede considerarse relaciones públicas sino puro y simple juego de azar.

En todo caso y por si acaso, hágame el favor de no hacerme favores.

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